La energía es uno de los costes fijos que más pesan en un comercio, una oficina o un taller, y sin embargo pocas empresas revisan su contrato con regularidad. La mayoría sigue con la tarifa que tenía cuando abrió, aunque el mercado y su forma de consumir hayan cambiado.
El primer paso es mirar las dos partes de la factura por separado: lo que pagas por cada kWh consumido y lo que pagas por la potencia contratada. Cada una se optimiza de forma distinta, y en muchos negocios la potencia es donde más dinero se escapa.
El segundo paso es comparar. En el mercado libre cada comercializadora fija sus precios, y la diferencia entre una oferta y otra para el mismo consumo puede ser importante. Comparar decenas de ofertas a mano es difícil; por eso trabajamos con más de 70 comercializadoras.
Por último, revisa los servicios añadidos: mantenimientos, seguros o asistencias que se cobran en la factura y que quizá no necesitas. Si quieres que lo revisemos por ti, el estudio es gratuito.
